MENORES EXPUESTOS A VIOLENCIA DE GÉNERO

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MENORES EXPUESTOS A VIOLENCIA DE GÉNERO

Son cada vez más los menores expuestos a violencia de género. La violencia de género es un fenómeno sumamente complejo con implicaciones múltiples  que afecta,  no sólo a las mujeres que sufren las agresiones sino también a los menores que conviven con la víctima. Estamos hablando de niños y adolescentes que presencian y/o sufren directamente la violencia que está presente en su hogares en el día a día, donde se encuentran inmersos en situaciones de opresión y control y tienen una relación basada en el abuso de poder y sobre todo en la desigualdad dentro de sus hogares. En muchas ocasiones también pueden verse expuestos a la manipulación por parte de uno de los progenitores en situaciones relacionadas con la separación o el divorcio y les obliga a vivir en un ambiente de miedo y supeditación a la figura masculina sobre la femenina.

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad señala que el 63,6% de los hijos menores presencian o escuchan los episodios de violencia. De estos, el 92,5% son menores de 18 años cuando suceden los hechos y el 64,2%
sufren a su vez esa violencia. Y es que ser ser testigo de la violencia que están ejerciendo contra su propia madre ocasiona en los hijos un abuso psicológico contra ellos con unas consecuencias devastadoras y potencialmente graves para su ajuste psicosocial y personal. Además, el impacto de esta violencia que presencian y/o sufren no sólo es inmediato sino que se prolonga en etapas posteriores y pueden llegar a persistir en la etapa adulta.

Es importante destacar como influye la situación de la madre maltratada en sus hijos, es decir, estos menores conviven con una madre que está siendo maltratada (física y/o psicológicamente) y que como consecuencia de ello, no va a poder atender las necesidades de sus hijos de una forma adecuada.  Las madres víctimas llegan a desempeñar su rol en función de las secuelas que padecen, las cuales están en función de diversos factores tales como la intensidad del maltrato padecido, su personalidad, los apoyos personales que pueda tener, etc. Y así, la actitud con los hijos puede ser de apego y calidad, conscientes de que han de suplir las carencias del modelo paterno, o por el contrario, pueden presentar síntomas que las incapacita para atender las necesidades básicas de unos niños y niñas que, por la situación familiar de conflicto, se ven precisados de mayores atenciones. Ésta última es la más común.

FORMAS DE EXPOSICIÓN EN LOS HIJOS 

La exposición de los menores a la violencia de género, puede darse de diversas formas y es frecuente que un mismo niño o adolescente pueda estar sometidas a diversas de ellas a los largo de su vida. Vamos a ver las distintas formas de exposición:

  • Perinatal: es la violencia que ejerce el hombre hacia la mujer embarazada.
  • De Intervención: es la violencia que sufre el niño o el adolescente cuando intenta proteger a su madre.
  • De Escucha: se percibe la agresión desde otro lugar del hogar pero el niño o el adolescente es consciente de ella o presencia las conversaciones entre sus padres.
  • Testificación presencial: los hijos son testigos directo de la agresión del padre hacia la madre.
  • Observación de las consecuencias inmediatas a la agresión: el menor ve como ha sido herida su madre, como ha quedado el lugar donde ha sido agredida o ve llegar a la Policía o la ambulancia.
  • Victimización: el niño o el adolescente se convierte en objeto de violencia psicológica o física en el transcurso de una agresión a la madre.
  • Participación: el hijo colabora en la desvalorización hacia la madre.

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PRINCIPALES CONSECUENCIAS EN LOS MENORES EXPUESTOS A VIOLENCIA DE GÉNERO

Por lo que se refiere a los efectos de la violencia de género sobre los hijos de las mujeres víctimas, esta claro que dependen de su gravedad e intensidad para el niño o el adolescente que lo vive. En este sentido, la incidencia de estas situaciones sobre la víctima están en función de factores que atañen a las características personales de la víctima tales como su edad, desarrollo o vulnerabilidad, entre otras. Pero también estará en función de las circunstancias en las que se ha producido el maltrato y, como no, si el menor ha recibido o no apoyo familiar o profesional. 

A pesar de la variedad de situaciones, los expertos han concretado las consecuencias principales en el desarrollo del menor expuesto a violencia de género. Las detallamos a continuación:

  • Conductas internalizantes:  problemas de inhibición y miedo.
  • Conductas externalizantes: problemas de de conducta y de agresividad.
  • Conductas de aislamiento: tendencia a estar en soledad, aislarse de los compañeros de clase y amigos.
  • Inseguridad y desconfianza: que producen dificultades de interacción social y baja autoestima.
  •  Dificultades para interpretar las claves sociales.
  • Déficit de empatía: dificultades para expresar y comprender las emociones, tanto propias como ajenas.
  • Ansiedad y tristeza por todo lo vivido y experimentado.
  • Baja tolerancia a la frustración: explosiones de ira,  problemas de autocontrol de la propia conducta y tendencia a no enfrentarse a nuevas tareas por miedo al fracaso.
  • Conductas antisociales: delincuencia y conductas disruptivas. Tienen  tendencia a interpretar de forma hostil la conducta de los otros.
  • Falta de habilidades de resolución de problemas sociales: es decir, tienen dificultades en la habilidad de resolución de conflictos.
  • Legitimidad en el uso de la violencia: es muy probable que se produzca una transmisión transgeneracional de la violencia al haber aprendido el menor conductas violentas hacia las mujeres dentro del entorno familiar.
  • Desarrollo de un Trastorno por estrés postraumático (TEPT): es el trastorno psicológico más común que se puede dar en los menores expuestos a violencia de género. Aparece cuando la víctima ha sido testigo o ha sufrido una amenaza para la vida, de uno mismo o de otra persona, y reacciona con miedo, horror e indefensión. Ahora bien, no todos los niños y niñas expuestos a violencia de género presentan o demuestran esta sintomatología.

 

Con todo lo expuesto, debemos destacar que un menor que convive en un hogar violento, donde los insultos, amenazas o las agresiones físicas a su madre son frecuentes y constantes aprenden e interiorizan unas creencias y modelos de conductas negativos en la que la desigualdad de género y la violencia son los principales protagonistas. La intervención psicológica en estos menores sería imprescindible para conseguir que el menor no desarrolle con el tiempo estos modelos de conductas agresivos ni interiorice la desigualdad de género que está viviendo en su entorno familiar.