Conflictos de pareja: Ganar o perder

Podemos definir un conflicto como una situación en la que dos partes persiguen metas incompatibles. El conflicto suele entenderse como una amenaza a la integridad de la pareja.

Pero el problema no son los conflictos, sino la forma de gestionarlos. Las personas en pareja pueden reaccionar ante el conflicto de forma adecuada, lo que supondrá una manera de fortalecer la relación; o de forma inadecuada, lo que la perjudicará.

Los conflictos son inherentes a la pareja; lo que no es inherente es la forma de afrontarlos.

Las parejas que acuden a terapia, generalmente, desconocen estas herramientas o eligen deliberadamente no utilizarlas.

Preparación previa al conflicto

En el primer caso, habrá que abrir las negociaciones. Esto implica un trabajo personal de reflexión.

Se trata de pensar en qué ha pasado, qué ha podido influir, ver qué pensamientos o emociones están implicados y asumir la posibilidad de no tener la razón o tener parte de responsabilidad en lo ocurrido.

En resumen, consiste en pensar antes de hablar.

Particularmente, es útil tener en cuenta:

  1. La funcionalidad de la queja, es decir, plantear si comunicarla realmente sirve para algo o va a ayudar en algo.,“tuvimos hijos porque tú quisiste”.
  2. La veracidad: se parte de la hipótesis de que no existe la verdad en pareja, sino las versiones. Probablemente, lo que uno piensa, siente y hace es tan válido como lo que piensa, siente y hace su pareja.
  3. El lenguaje, verbal y no verbal, que se va a utilizar para expresarse. No es lo mismo “eres un desordenado” y “creo que te dejas la ropa tirada en el suelo de la habitación con frecuencia y eso me molesta”.
  4. La libertad de la otra persona para decidir cambiar aquello de lo que el otro se queja, algo especialmente complicado para personas controladoras que consideran, explícita o implícitamente, que su pareja debería comportarse como a ellas les gustaría (“si me quisieras, lo harías”).
Conflictos de pareja
Conflictos de pareja

Pedir cambios

Habitualmente, ante dificultades que la pareja identifica como fáciles de solucionar (algunas tareas de la casa, la gestión del ocio) puede plantearse pedir un cambio de conducta.

Para ello, se recomienda una comunicación asertiva: pensar si la petición de cambio es necesaria, elegir el momento y el lugar, hacer una única petición breve, definirla de forma concreta y objetiva, evitar juicios de valor y generalizaciones, etcétera.

Y también, explicar las consecuencias que tiene lo que se desea cambiar, ya sean emociones y sentimientos o efectos externos. La otra parte puede decidir cambiar gratuitamente (“cambio porque me lo pides”, “cambio porque es lo mejor para ambos”) o pedir algo como compensación. Ambas son manifestaciones lícitas de ese “quererse en pareja”.

Decida lo que decida el otro, es recomendable entender que todos los cambios llevan tiempo, que a veces hay que explicar el comportamiento (p. ej., enseñar a hacer la compra) y que siempre hay que agradecer o felicitar al otro por los cambios realizados, aunque sean pequeños.

¿Cómo realizar esos cambios en los conflictos de pareja?

Existen varias formas de realizarlos, las más habituales suelen ser:

  1. Cada uno elige de una a tres conductas que estaría dispuesto a cambiar o que piense que a su pareja le gustaría que cambiara. Esto son potenciales “comportamientos para cambiar”.
  2. Elige también entre una y tres conductas que le gustan especialmente. Esto son “refuerzos” potenciales.
  3. Cada miembro le expresa al otro de qué forma le repercutirían los cambios de conducta y de qué forma le agradarían los refuerzos.
  4. Ambos expresan las dificultades de llevar a cabo la conducta que han elegido cambiar.
  5. Ambos deben pactar y hacer concesiones para especificar cómo serán los cambios de conducta y los refuerzos.

El equipo de INVESTE dispone de ambos profesionales para el tratamiento de este tipo de problemáticas. No dudes en ponerte en contacto con nosotros si te sientes identificado o te encuentras en esta situación con tu pareja.  

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