Descanso nocturno, una necesidad primaria

El sueño, junto a la alimentación y el ejercicio físico, es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite restablecer  las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento.

Aunque es común entre la población la idea de que el sueño es un tiempo perdido o un tiempo muerto durante el cual no sucede nada, dormir es un estado que implica un modo diferente de consciencia y de funcionamiento corporal, en el que pasaremos aproximadamente 30 años del total de nuestra vida. Tal es su importancia que las alteraciones del sueño tienen un impacto negativo sobre nuestra salud y bienestar, siendo el insomnio considerado como una enfermedad grave.

Sin embargo, no sólo se trata de dormir un número suficiente de horas, sino que el sueño sea reparador y de calidad. Todas aquellas medidas encaminadas a conseguir un sueño de calidad que permita el adecuado descanso reciben el nombre de higiene del sueño.

¿Cuántas horas hay que dormir?

Una pregunta repetida y que a veces genera angustia o dudas en las personas es cuánto debemos dormir.

Preguntados sobre cuántas horas deberíamos dormir, muchos especialistas responden que lo suficiente para sentirnos descansados hasta la noche siguiente. Dormimos para poder estar despiertos y activos durante el día y, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día, necesitamos dormir.

Las necesidades de sueño para conseguir un rendimiento y bienestar óptimo van a variar en cada persona, e incluso una misma persona no tiene las mismas necesidades en todos los mismos momentos de su vida. Se estima que una media de 7 horas al día contribuye a alcanzar nuestro bienestar físico y emocional, y mejora nuestra calidad de vida.

No obstante, como decimos, esto son medias. Existen personas con patrones de sueño corto (5 horas) y largo (9 horas) que no representan nada patológico. Sí que solemos estimar que destinar más de 2 horas  a dormir en días festivos respecto a días laborables es sinónimo de ir privados de sueño.

¿Qué es el insomnio?

El insomnio es un trastorno frecuente en la población general, y se estima que afecta al 10% de la población.

Consiste en la dificultad permanente en el inicio del sueño, su duración, mantenimiento o calidad, lo que repercute en gran medida en la posterior vigilia el individuo, afectando significativamente su calidad de vida.

En ocasiones, se trata de dificultades para coger el sueño (insomnio de conciliación) o múltiples despertares (insomnio de mantenimiento).

Consejos para un buen descanso nocturno

 

¿A qué se debe el insomnio?

Existen dos grupos de situaciones que pueden alterar el correcto descanso y pueden beneficiarse de una adecuada higiene del sueño:

  1. a) Por un lado, están aquellas situaciones cuyo factor desencadenante se encuentra en el entorno de la persona, como por ejemplo: viajes con cambios de horario importantes (jet-lag), entornos ruidosos, cambios estacionales, etc. Las preocupaciones pueden mantener activa la mente durante la noche, dificultando el sueño.
  2. b) En otras ocasiones, es la propia persona, quien, ya sea por unos hábitos inadecuados como consumo de café u otras sustancias, o por patología de base, no consigue conciliar o mantener el sueño. Las diversas enfermedades crónicas en las que se encuentran alterados los ritmos del sueño incluyen la diabetes, la obesidad, el asma, el hipertiroidismo, la depresión, el trastorno bipolar y el trastorno afectivo estacional entre otros. Algunos medicamentos, como los corticoides o los antihipertensivos, también pueden dificultar el descanso nocturno.

¿Cómo se diagnostica el insomnio?

Generalmente el diagnóstico del insomnio es clínico y fundamentalmente basado en la información proporcionada por la persona. Salvo excepciones, se realiza una aproximación diagnóstica certera simplemente con la historia clínica y la exploración física. Sólo ocasionalmente será necesario recurrir a exploraciones complementarias, tales como la polisomnografía o conocida popularmente como la “prueba del sueño”.

A veces resulta de utilidad el registro del sueño mediante un diario de un mínimo de 15 días. Con él nos podremos hacer una idea de los patrones del sueño y si los horarios son muy irregulares, si la persona tiene un patrón monofásico o bifásico (por ejemplo, con siestas prolongadas que compensan escasas horas de sueño nocturno).

¿Qué consecuencias puede tener el insomnio?

El insomnio mantenido produce un claro deterioro en el funcionamiento diurno: se produce una disminución del rendimiento intelectual con dificultades de concentración y utilización de la memoria.

Generalmente, el insomnio se acompaña de un nivel significativo de malestar o deterioro de las áreas social, laboral, educativa, académica y personal.

Por otra parte, disminuyen los reflejos produciendo un aumento del tiempo necesario para reaccionar ante un estímulo, favoreciendo el riesgo de accidentes de tráfico, domésticos y laborales.

Además, aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psiquiátricos, ya que se producen alteraciones en el estado de ánimo, aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad.

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