Educar la asertividad

Educar la asertividad de nuestros hijos no es tarea fácil. La capacidad de ser asertivo o socialmente competente no se hereda, no es algo innato, sino que se va aprendiendo a lo largo de la vida.

Las habilidades sociales solo se aprenden con la práctica. Los niños van aprendiendo poco a poco a compartir, a ceder turno, a cooperar y a negociar.

El aprendizaje del niño depende en gran parte de nosotros, los adultos y en gran medida y principalmente de sus padres.

La asertividad, que forma parte de la autoestima, es un escudo que protegerá al niño de por vida.

Como padres, hay que mostrar y transmitir en todo momento una actitud de apertura hacia el contacto social. Unos padres concienciados de esto invitarán a amigos de sus hijos a casa o a pequeñas salidas y excursiones.   

Es importante enseñar a los niños  a ser asertivos tanto con compañeros de su edad como con niños más pequeños y con los adultos.

Aquí el menor tiene una doble tarea: no solo debe aprender a relacionarse con sus iguales sino también con los adultos, a quienes debe guardar un respeto y hacer caso, pero frente a los que también puede y debe autoafirmarse.

¿Qué significa que los niños sean asertivos con los adultos?

Desde luego que no se pretende que se convierta en un “sabelotodo” que todo lo sabe mejor que el adulto, ni en alguien desobediente y contestón y por supuesto que es normal que los niños se enfaden, se rebelen o estén en contra de los padres.

Pero como actitud general, el niño asertivo es amable con el adulto cuando le preguntan, levanta la vista, mira a los ojos y habla de manera clara. También pide aclaraciones si no entiende algo y no interrumpe cuando los adultos están hablando.

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Educar la asertividad en nuestros hij@s

Actitudes a tener con nuestros hijos

Hay algunas actitudes generales a tener en cuenta a la hora de educar en asertividad a nuestros hijos.

A continuación detallamos  pautas que no solamente tienen cabida para el tema de la asertividad, sino que cumplen otras numerosas funciones educativas, sobre todo la de desarrollar la autoestima de nuestros hijos.

  • Asegúrate de que las expectativas que tienes respecto a tu hijo son razonables y adecuadas a su edad. Un niño no es igual de asertivo a los 5 que a los 9 años, lo mismo que tampoco es igual de sociable o de creativo. A cada edad le corresponden unas pautas de conducta que, antes o después, estarían desfasadas. El problema de muchos niños es que se les exigen cosas para las que todavía no están preparados. Así, a veces se les piden ciertas responsabilidades cuando el niño todavía no es lo suficientemente maduro. Por ejemplo, pedirle a un niño de 8 años que estudie porque es bueno para su futuro seguramente no servirá más que para que odie la asignatura. Todavía no se da cuenta de la importancia del estudio y habrá que encontrar otros elementos que le motiven a estudiar. Lo mismo ocurre con la asertividad: muchas veces se espera que un niño pequeño reaccione de forma mucho más “valiente” ante burlas y ataques de lo que todavía es capaz.
  • Ten cuidado con las proyecciones: en muchas ocasiones tendemos a proyectar nuestros propios temores y experiencias negativas en nuestros hijos. Por ejemplo, el papá del que se han burlado de pequeño, tenderá a querer proteger a su hijo de esta experiencia, insistiéndole en la desconfianza hacia los demás e intentando que se anticipe a los ataques de otros. Otro ejemplo sería aquella mamá que está continuamente pendiente de lo que piensen los demás de ella, que tras haber estado su hija en casa de unos amigos le acribilla a preguntas sobre su comportamiento, sobre si se portó bien para que los otros se hayan llevado una buena opinión de la niña, está proyectando su temor en esta y pronto logrará que la hija esté igualmente pendiente de lo que los demás opinen de ella.
  • No confundir un error puntual con una característica de la personalidad. Un método muy poderoso para evitar que se desarrolle la autoestima es ponerle la etiqueta de malo, vago o desobediente al niño cuando ha hecho algo mal. En este caso se está confundiendo una conducta puntual con toda la personalidad del niño. Si nuestro hijo oye una y otra vez “eres malo” ante cada acto agresivo que cometa, llegará a la conclusión de que él es, efectivamente, una mala persona y, sobre todo, que no tiene remedio. Así, no podrá desarrollar una sana autoestima, porque está convencida de que eso es inamovible y de que no hay nada que hacer con él o ella.

Ten en cuenta…

Para educar la asertividad y antes de aplicar cualquier estrategia con nuestros hijos debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Se exactamente qué le pasa a mi hijo?

Es de gran importancia observar al niño y escucharlo, dedicándole tiempo, hacerle ver que nos interesa lo que nos cuenta, hacerle preguntas, pedirle aclaraciones, ser empáticos, es decir, ponerse en su lugar y ver el problema desde su punto de vista.

Si sabemos escuchar lo que nuestro hijo nos quiere decir, evitaremos sacar conclusiones arbitrarias que, como vemos muchas veces en consulta, no hacen más que angustiar al menor.

Si este post se te queda corto y crees que no te es suficiente para educar en asertividad a tus hijos, no dudes en contactarnos y te daremos estrategias más detalladas para conseguirlo.

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