Experiencia con el TOC

Hace un tiempo publicamos en este blog el artículo “¿Qué es el TOC?”, relacionado con el trastorno obsesivo compulsivo. Como continuación a dicho artículo, a través de este post, os contamos el testimonio y la experiencia de una paciente con TOC.

Nos referimos al caso de María, a la que diagnosticaron TOC con 23 años. María siempre ha sido una chica alegre, trabajadora y muy exigente, pero también sensible e insegura. 

El TOC y el mundo laboral y sentimental

Todo comenzó cuando acabó sus estudios en la Universidad y le contrataron para trabajar en una importante empresa. Poco antes, había empezado una relación con Carlos, un chico estupendo, y el trabajo en esta empresa implicaba mantener su relación a distancia. 

Aunque María sabía que tenía que estar contenta por la oportunidad de trabajo que había conseguido, realmente lo que sentía era angustia. 

Por un lado, porque pensaba que esta oportunidad le venía grande, que no era tan buena como la gente pensaba, y que al final iba a decepcionar a los suyos. Por otro lado, porque estaba enamorada de Carlos y le daba miedo que su relación pudiera estropearse por un trabajo para el que ella creía que no valía.

En muchas ocasiones, las personas desarrollan TOC a causa de una situación concreta que les genera una gran cantidad de estrés. En el caso de María, fue la concurrencia de dos circunstancias: un trabajo nuevo muy exigente y una relación amorosa que, para ella, era demasiado bonita para ser cierta.

Cómo las obsesiones se apoderan de María

Hasta aquí, todo normal. Como cualquier persona, María estaba preocupada por los cambios que estaba viviendo en su vida laboral y sentimental. El problema empezó cuando estas preocupaciones se convirtieron en obsesiones.

Se trataba de pensamientos intrusivos que asaltaban su mente continuamente, relacionados con el miedo excesivo a perder su trabajo o a que su pareja la estuviera engañando con sus sentimientos.

Estos pensamientos irracionales trataban de convencerla de que las cosas no iban bien, que algo malo estaba ocurriendo y que no podía hacer nada por remediarlo. Y ello generaba a María una gran sensación de angustia.

Como consecuencia, cualquier circunstancia o conversación era analizada en detalle por su cabeza. Siempre estaba rumiando, dándole vueltas a estas circunstancias y conversaciones, intentando razonar con ella misma que estos pensamientos eran irracionales y que no tenía motivos para sufrir así, pero no podía evitarlo.

Fueron pasando las semanas y la situación solo iba a peor. Su cabeza nunca descansaba. Rumiaba constantemente: en casa, en el trabajo, caminando por la calle o cuando quedaba con otras personas. 

Las consecuencias del TOC en María

Al final, a María se le quitaron las ganas de trabajar, quedar con sus amigos, ver a sus padres y estar con su novio. No tenía ganas de comer y tampoco podía dormir más de dos horas seguidas. Incluso en algún momento llegó a plantearse si merecía la pena vivir con ese malestar.

Para tratar de calmar su ansiedad, María empezó a repetir patrones de comportamiento. Aunque sabía que era absurdo, pensaba que si no repetía esos patrones, aquello que temía ocurriría. 

En el caso de María, estas compulsiones consistían en dejar los objetos de la casa de determinada forma, encender y apagar la luz un determinado número de veces cada vez que entraba en una habitación o comprobar que había cerrado la puerta de forma excesiva.

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Experiencia con el TOC

María da el paso a pedir ayuda profesional

María no entendía lo que le estaba pasando. No lograba concentrarse en nada que no fueran esos pensamientos y compulsiones. Creía que estaba loca y que no podía contárselo a nadie porque sentía vergüenza y nadie podría entenderla. 

Pero también sabía que no podía seguir así, que quería volver a vivir y  ser la misma de siempre. Así que finalmente se decidió a contárselo a sus padres, a Carlos y a su mejor amiga, solicitó ayuda profesional y empezó a ir a terapia.

A Carlos fue al que más le costó entenderlo, pero no se separó de su lado y la acompañó a todas las sesiones que fue necesario. Por su parte, al contárselo a sus padres, descubrió que su madre tenía diagnosticado TOC desde hacía mucho tiempo, por lo que la entendía mejor que nadie.

En lo que respecta a su tratamiento, combinó terapia cognitivo-conductual con medicación. Las personas con TOC tienen dificultades para pensar con racionalidad como consecuencia de la falta de serotonina, existiendo fármacos que ayudan a su cerebro a segregar esta sustancia.

Con el paso del tiempo, la ayuda de la medicación y la terapia profesional, así como el apoyo de su familia, sus amigos y su novio, María aprendió a desechar pensamientos intrusivos y gestionar situaciones de estrés.

María ha superado el TOC

Poco a poco, los pensamientos fueron desapareciendo.

Solamente de vez en cuando le ataca alguno, pero María es capaz de desecharlo sin ninguna dificultad. Mantiene una pequeña dosis de medicación y visita a su terapeuta puntualmente. Convive con su TOC haciendo una vida completamente normal.

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