Muchas personas se ayudan de la manipulación mediante la excusa y la mentira para conseguir los objetivos que quieren. ¿De que manera o que estrategia deberíamos aprender para identificar ese tipo de manipulaciones?

La agresión pasiva es la habilidad que tienen algunas personas para ocultar de forma encubierta la agresividad que usan para manipular a otras personas sin que lo perciban los demás y sin la confrontación.

Quien usa este tipo de conducta oculta sus verdaderos motivos y expone intenciones que en realidad no tiene.

¿Cuál es la diferencia con las personas agresivas y pasivas?

Las personas agresivas se destacan por:

  1. Expresan opinión, emociones, deseos o necesidades de una forma poco adecuada, imponiendo su punto de vista o exigiendo que los demás acepten su postura, obligando o forzando a los demás que se comporten de cierta manera.
  2. Los gestos faciales parecen como enfadado, tenso. Mirada desafiante, un tono de voz demasiado alto y gestos exagerados y duros.

Las personas pasivas se destacan por:

  1. Prefieren no dar su opinión, emociones, deseos o necesidades.
  2. Cuando dejan que las opiniones, emociones, deseos o necesidades de los demás tengan prioridad sobre los suyos.

Las personas agresivas y pasivas son fáciles de detectar porque no se halla camuflada ni oculta, tanto el desencadenante como el propósito es fácil de reconocer pero también tienden a ser personas que no agradan a los demás.

Qué es la agresión pasiva

¿Por qué las personas utilizan la conducta de agresión pasiva?

La mayoría de las personas utilizan esta estrategia en su vida cotidiana de manera ocasional, para rehuir responsabilidades y evitar confrontaciones.

Un ejemplo de agresión- pasiva en una situación social sería evitar hacerle un favor a un amigo, como “acompañarle a hacer un recado” utilizando la excusa de que tiene obligaciones familiares que cumplir (simplemente porque no le apetece acompañarle y prefiere quedarse en casa).

Como podemos comprobar, esta estrategia ofrece una serie de ventajas. Esta técnica sirve de una mentira que no puede ser refutada de manera sencilla, dejando a la otra persona indefensa.

De este modo, quien utiliza la conducta agresivo-pasiva camufla sus verdaderos motivos y manifiesta intenciones que no tiene, sin que ello resulte transparente para el otro.

 Al igual que mentimos, manipular es algo completamente normal, pocas personas renuncian a la manipulación en la vida diaria ¿podríamos decir entonces que su uso es bueno o malo?

Las personas que presenta una personalidad pasivo-agresivas tienden a abusar de este comportamiento para autoprotegerse. Por tanto, siempre que no se tenga este tipo de personalidad podrá usarse la manipulación de manera controlada.

A pesar de todo, la conducta pasivo-agresiva, bien dosificada, puede prestarnos un buen servicio, por ejemplo, en la vida laboral. Ayuda a poner límites sin provocar conflictos. Por tanto, si tiene que hacer algo que considera excesivo, puede decir:

  • “Es una gran idea”
  • “Me encantaría hacerlo”
  • “Existen motivos que se lo impiden y contra los cuales no puede hacer nada
  • “Lo lamenta mucho por todo ello”

Invente razones inexistentes, pero que suenen plausibles. Tampoco exagere en la interpretación ni el uso de la estrategia.

Si sobreinterpreta, no resultará creíble. Y si emplea este truco con demasiada frecuencia, en algún momento el otro ya no creerá ni una palabra suya más. Nunca debe ir tan lejos como para que su interlocutor desconfíe de usted.

Por lo general, uno mismo reconoce en qué situaciones es mejor evitarla y cuándo se puede utilizar (por ejemplo, cuando de adolescentes dijeron a su madre: «Mamá, no quiero que leas mi diario»).

En poco tiempo, este tipo de comportamiento origina elevados «costes de interacción». En otras palabras, se corre el riesgo de ser tildado de holgazán, una imagen de la que resultará difícil deshacerse.

La confianza perdida no podrá recuperarse rápidamente. Tampoco resulta agradable estar expuesto a estrategias pasivo-agresivas. Si alguien las usa de manera excepcional, pueden tolerarse, pero si llega a ser excesivo, se necesitan medios y formas para protegerse de esa manipulación.

Aprende a conseguir identificar el estilo pasivo-agresivo y pide ayuda profesional si te genera gran malestar. No dudes en contactar con el equipo de Investe Psicólogos si te sientes identificado con este post.

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