TDAH Y LOS TRASTORNOS COMORBIDOS.

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TDAH Y LOS TRASTORNOS COMORBIDOS.

El TDAH  (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) es un trastorno de inicio en la infancia, que presenta un patrón persistente de conductas de desatención, exceso de actividad y dificultad de controlar los impulsos o impulsividad. Es uno de los trastornos más estudiados en psicopatología infantil, donde principalmente se partió de un enfoque médico para aparecer posteriormente aproximaciones conductuales, neuro-cognitivas, genéticas y sociales que han enriquecido la comprensión de este polifacético problema.

En el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se distinguen actualmente tres subtipos diferenciados: un subtipo con predominio de los síntomas de inatención (TDAH-I), un subtipo con predominio de los síntomas de hiperactividad/impulsividad (TDAH-HI) y un subtipo de tipo combinado (TDAH-C) para los casos que se cumplen ambos criterios.

A partir de esta diferenciación de subtipos del trastorno por déficit de atención con hiperactividad, han constatado la presencia de diferencias importantes entre ellos en relación con variables comportamentales, académicas y cognitivas. El hecho de pertenecer a un subtipo de TDAH tiene un impacto diferencial sobre la conducta, el aprendizaje y el desarrollo cognitivo  de los niños que lo presentan.

COMORBILIDAD DEL TDAH 

El diagnóstico diferencial es muy extenso, pero debemos de recordar que en muchas ocasiones los trastornos pueden ser comorbidos al TDAH, es decir, pueden coexistir conjuntamente con el TDAH.

Así, numerosos trastornos o problemas médicos pueden manifestarse por síntomas presentes o nucleares del TDAH lo que dificulta la correcta identificación del trastorno.  Esta dificultad aumenta cuando algunos de estos trastornos están asociados o son comórbidos al propio TDAH (trastornos de ansiedad, problemas de sueño, estrés ambiental, inquietud, inmadurez cognitiva, etc.)

Por lo tanto, se requiere de especialistas médicos, neuropediatras y psicólogos para poder realizar un buen diagnostico diferencial, ya que los síntomas de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención pueden aparecer en una amplia variedad de trastornos: retraso mental, trastornos del aprendizaje, trastornos del comportamiento, trastornos de ansiedad o del estado de ánimo, etc.

La comorbilidad está presente en la mayoría de los casos (entre el 50% y el 75% de los niños con TDAH  presentan comorbilidad). Por lo tanto, debe recogerse información sobre las dificultades del aprendizaje, las conductas oposicionistas o asociales y síntomas emocionales (preocupación excesiva, llanto habitual, dificultad para dormir, irritabilidad…), ya que en algunas ocasiones, estos problemas pueden tener mayor que el propio TDAH, o imitarlo y condicionar la presentación clínica, el pronóstico y el tratamiento.

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TDAH Y TEA

Una de las comorbilidades que genera gran problemática al niño con TDAH son los Trastornos del Espectro Autista, en particular, el Asperger.

Incluso, a la hora de enfrentar la intervención, todo cambia, no es exactamente el mismo enfoque en TEA ni el mismo enfoque en TDAH. Los niños con Asperger tienen muchas más similitudes con los niños con TDAH que las que puedan tener los niños con Autismo, teniendo también mayor incidencia el déficit de atención en el Asperger.

Es destacable la problemática compartida tanto en TDAH como TEA de alteraciones en la función ejecutiva, aunque según sugieren diversos autores, la evolución de este déficit varía entre TDAH y Asperger.

Otro de los problemas más importantes a la hora de establecer índices reales de comorbilidad vienen relacionados directamente a un exceso de medicación en el niño con TEA, ya que el uso de fármacos oculta, enmascara o altera esos rasgos que pueden denotar la presencia de un déficit de atención y/o hiperactividad, siendo algo a considerar de forma importante, ya que el uso de medicación no solventa el déficit, sino que expone al niño al riesgo de los efectos secundarios sin resolver la causa.

La asociación entre el TDAH con otras entidades diagnósticas permite delinear distintos subgrupos de niños con el trastorno, con diferente evolución y pronóstico:

  • La asociación del TDAH con trastornos de conducta en la infancia aumenta el riesgo de conducta antisocial, abuso de alcohol o drogas en la adolescencia.
  • La asociación con depresión mayor en la infancia anticipa una mayor incidencia de conducta oposicionista y depresión mayor.
  • La comorbilidad con trastornos de aprendizaje incrementa el riesgo de fracaso escolar.
  • La persistencia de estos trastornos comórbidos, a lo largo de los años, apoya fuertemente la hipótesis actual que indica que los mismos constituyen verdaderos cuadros psicopatológicos asociados y no meros epifenómenos del TDAH.